formando una larga fila
va almacenando alimento
para el invierno la...
Este blog está dedicado especialmente a todos los chicos que fueron mis alumnos de jardín de infantes durante toda mi carrera docente desde el año 1969 y a todo aquel que tenga alma de niño.

Cuántas cosas veo
desde este lugar,
muñecas, autitos,
goma de pegar.
Una montañita
de revistas viejas,
cuadernos, papeles,
un rompecabezas.
Muchos ladrillitos
bien desparramados
sobre el escritorio,
sobre el alfombrado.
Desde aquel estante
me mira de reojo
un perro de lana
con su moño rojo.
En el otro estante,
un monito a cuerda
que ya nadie usa
ni nadie recuerda.
En la cama encuentro
naipes, caramelos,
piedritas y fotos
de amigos y abuelos.
Pero ya es de noche
y manitos tibias
me abrazan con fuerza,
me aprietan, me miman,
Cierro los ojitos,
soy un oso bueno,
dormiré abrigado,
tendré lindos sueños.
Soñaré que un ángel
me hace cosquillas
en mi panza gorda
y aquí en mis mejillas.
Y será algún niño
quien me dé su abrigo,
los dos bien juntitos,
porque soy su amigo.

Durmiendo a la orilla de la chimenea
bigote peinado, patitas con guante,
Don gato gatuno feliz ronronea
soñando, soñando, con aire elegante.
¿Qué sueña Don gato que mueve su cola
como un gran plumero de aquí para allá?
¿Estará soñando con una gatita
o con los ratones que quiere cazar?
¿Soñará que anda en noche de luna
por calles oscuras, lugares lejanos,
jugando a la ronda con gatos malevos
buscando aventuras por altos tejados?
Durmiendo a la orilla de la chimenea
se acomoda el gato sobre un almohadón,
mientras a lo lejos se escucha un maullido
que el gato confunde con una canción.
Canción de gatitos para enamorarse,
canción de gatitos para el corazón,
durmiendo a la orilla de la chimenea
Don Gato ya sueña su sueño de amor.

Hoy estoy muy preocupado,
tengo un gran inconveniente:
tendré que ir al dentista
para que arregle mis dientes.
Un ratón amigo mío
me aconsejó que no vaya
porque parece que él quiere
el diente cuando se caiga.
Pero yo no le hago caso
y me apuro por llegar,
cierro un ojo, abro la boca
y adelante! a trabajar!
Solo siento una cosquilla
pero nada de dolor
y de consuelo le compro
un quesito a mi ratón.

Caramelos de leche
en mi bolsillo,
una pata de rana,
dos o tres grillos,
seis bolitas de vidrio,
dos caracoles
y una nube escondida,
lluvias y soles.
Se me esconde la risa
en la ligustrina
¡piedra libre!, me viste
doblar la esquina
y vuelan mis zapatillas
una por una
como un ángel cruzando
sobre la luna.
Pan con dulce de leche,
mate cocido
colorín colorado
ya estoy dormido.

Quiero jugar con los niños
los de aquí y los de allá…
Abramos todas las puertas
para que puedan entrar.
Por la puerta de adelante
entra un lindo japonés
trae un kimono bordado
del derecho y del revés.
Por la puerta de la izquierda
un mexicano vendrá
con sobrero y con guitarra
para empezar a cantar.
La puerta de la derecha
rapidito se abrirá
para que pasen los chicos
que vienen de Portugal.
Para los chicos de Rusia…
los de África y Brasil…
se abrirán miles de puertas
cuando ellos quieran venir…
Abramos la puerta grande,
la puerta del corazón…
los niños de mi Argentina
quieren jugar como yo
a la rayuela, a la popa
o también la rueda rueda
tomaditos de la mano
de un abuelo y una abuela.
Abramos todas las puertas,
dejemos que hoy entre el sol,
que los niños de este mundo
vivan rodeados de amor.

Don Bigotes, gato maula,
con su chambergo y facón,
ha salido de gran ronda
para buscar a su amor.
En la esquina ve a Florinda,
la gata, tras un farol,
le hace un guiño y ella, nada,
aunque tiembla de emoción.
De pronto se escucha un ruido,
el gato presta atención;
una sombra se desliza
arriba de un paredón.
Sí señor, es este gato,
tan compadrito y glotón,
que ha dejado a su gatita
por correr tras un ratón.
sabe bien lo que yo quiero.
Si le pido tres tomates,
él me da dos chocolates;
si le pido algunas papas,
me da dulce de batata.
-¡Deme un kilo de lechuga!
(me regala una tortuga)
-¡Una plantita de berro!
(me da un hueso para el perro)
Es por eso que lo quiero
a Don Manolo el verdulero,
porque me voy con regalos
y con un beso le pago.

Voy a contarles un cuento
de risas y lucecitas
que me llenaba la siesta
contado por la abuelita.
Es un cuento muy cuentero
con disfraz y con pompón,
no me pidan que les cante,
es un cuento, no canción.
Había una vez un niño
pegote de caramelo
que quería ser payaso
( eso sí que yo no quiero)
quería hacer morisquetas
y pintarse los cachetes
la nariz bien colorada
y en la cabeza un bonete.
Le gustaba hacer piruetas
y tocar en una banda
campanitas y chinchines
y decir abracadabra.
Decía que lo llamaban
“el payaso Firulete”
y repartía a los chicos
amor con dulce de leche.
Este es el cuento, señores,
de un payaso muy feliz
que hacía sus payasadas
cuando llegaba al Jardín.